jueves, 17 de diciembre de 2020

Relato diciembre || Intercambio de almas

Me dijeron que era la única que podía regresar las almas a sus cuerpos verdaderos. Pasé tres noches y tres días estudiando los libros de los antiguos maestros, hasta que ya no me podían esperar más. El ritual salió mal, ahora todos estamos en peligro. 

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“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Palabras:  50

Y con esto termino el reto de este año. Me siento muy feliz de haber logrado escribir los doce relatos :)

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 

domingo, 29 de noviembre de 2020

Relato noviembre || Satiskiller

Al principio todo era maravilloso, justo como todas sus amigas le habían dicho, los orgasmos que ese aparato le hacía tener eran los mejores que había tenido en su vida. Pronto se volvió parte de su rutina diaria al terminar sus labores y era todo perfecto. Hasta ese día. 

Empezó como otras veces: en lo mínimo. Subió un poco la potencia, para sentir con mayor intensidad y ahí fue cuando empezó el horror. 

Intentó bajarle la velocidad pero el dolor se hizo más intenso así que simplemente decidió quitarlo. Fue entonces que se dio cuenta que estaba atorada. Intentó apagarlo sin éxito. Aguantando el dolor siguió intentando arrancarlo, incluso con ambas manos. Para entonces la mitad de su cuerpo estaba en el interior del aparato. ¡La estaba succionando entera!

Los gritos se acallaron al tiempo que se apagó el succionador, haciéndose el silencio absoluto en la habitación vacía.

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“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Inspirado en una palabra: Orgasmo

No beta we die like women. En realidad me dio pena molestar a Nea porque anda más ocupada que yo.

Palabras:  148

La verdad es que desde que me enteré que hay personas que se han muerto por culpa de sus vibradores o dildos (es como 1 en mil o algo, tampoco es que pase mucho) me quedé traumada y ahora veo con desconfianza los míos *risa nerviosa* Luego todo el mundo habla de los satisfyers y quiero uno pero todas las veces que he estado a punto de comprarlo porque está en descuento resulta que el descuento se acabó o algo y pagarlo completo me da codo, que para algo tengo mis dedos y son gratis. TMI, perdón. Además me acuerdo de eso y me da miedo, qué ridícula, ya sé. Pero así surgió la idea de este relato, jeje.

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 

sábado, 31 de octubre de 2020

Relato octubre || Llanto

 Desde que existo escucho gente llorar. Todo el tiempo —y más fuerte que otras cosas—; incluso que el sonido de las máquinas, que los doctores corriendo de un lado a otro y que el de las personas cuchicheando en voz baja para no molestar a los enfermos.

Fue el primer sonido que aprendí a distinguir. A veces son los pacientes que lloran en las noches cuando creen que nadie lo nota, o los familiares y amigos de estos cuando temen que no sobrevivirá. Pero aquel llanto que más me conmueve, y el que he aprendido es más común, es el de los que atienden a los enfermos. Ven a la muerte todos los días y tratan de arrebatarle sus víctimas, a veces sin éxito.

Últimamente los oigo más. Se encierran para que no los vean, avergonzados de su desesperación, su cansancio, miedo y preocupación, más que antes. El llanto está ahogado por las capas de tela y encima de ellas plástico, pero yo lo escucho más fuerte que nunca. Me pregunto, ¿por qué será?

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“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Muchas gracias a Nea Poulain por betearme este relato

Palabras:  174


Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Relato septiembre || Náufrago

Trató de gritar una vez más pero al abrir la boca lo único que consiguió fue tragar agua. Tosió violentamente, tratando tomar aire y mantenerse a flote al mismo tiempo. Cada vez era más difícil intentar no hundirse. Los ojos le ardían; apenas si podía mantenerlos abiertos.

No veía nada más que mar alrededor suyo; por más que gritara, nadie contestaba. No sabía si era el último sobreviviente. Había nadado en busca de los demás, pero sólo había encontrado pedazos del barco; había intentado aferrarse a ellos, pero las corrientes se los habían arrancado de las manos.

No sabía cuántas horas habían pasado; seguía igual de oscuro, pero él sentía que llevaba horas pelando contra el mar.

Le pesaban los brazos y las piernas, los sentía entumecidos por el frío y el cansancio de moverlos para no hundirse. Le quemaba la garganta, nunca había experimentado tanta sed. La cabeza le retumbaba. Por momentos deseaba rendirse, pero una chispa de rebeldía ante lo inevitable lo obligaba a luchar y a seguir vivo.

De pronto sintió algo rozarle el pie. Agitó las piernas para alejarlo, seguro de que sería una basura o un pez. Por un momento sirvió, pero pronto volvió a sentir algo viscoso enroscarse en su tobillo, y antes de patalear la cosa tiró de él arrastrándolo a las profundidades.

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“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Muchas gracias a Nea Poulain por betearme este relato

Palabras:  220

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sábado, 22 de agosto de 2020

Despertar || Relato agosto

 Me desperté en un bosque, desorientada y sin saber cómo había llegado ahí. Caminé hasta el castillo que podía ver a lo lejos. En la entrada me recibió un caballero. Sentí que lo conocía, pero no podía recordar su nombre ni en dónde lo había visto.

—Te estábamos esperando, Raquel —me regañó—, ¿por qué tardaste tanto?

No supe qué contestarle; sólo me encogí de hombros. Lo seguí por los pasillos hasta una puerta de madera enorme que se abrió con un rechinido por arte de magia y se cerró de la misma manera en cuanto entré a la habitación. En el interior había únicamente una enorme cama con dosel. Me acerqué y vi que en ella dormitaba una princesa.

Entendí que era mi destino romper su maldición y despertarla. Pero no me parecía eso de darle un beso sin su consentimiento, así que traté sacudiéndola del hombro con suavidad. No funcionó. Intenté con mayor brusquedad. Nada. Jalé las sábanas para destaparla, le di palmaditas en la cara, intenté abrir sus ojos con los dedos, le hice cosquillas, brinqué en el pedazo de cama desocupado, busqué al caballero para pedirle agua y le salpiqué la cara —tampoco se la quise echar encima, qué tal si le hacía daño—, grité «¡despierta!»… Nada. Luego pensé que igual y el beso no tenía que ser en la boca, pero tampoco funcionó dárselo en la frente.

Finalmente desistí y mejor me acosté a un ladito, al cabo que la cama era enorme y no la iba a molestar. Nos tapé a ambas y me dormí.

Desperté en mi propia cama, desorientada y sin saber cómo había llegado ahí. A mi lado estaba la princesa.

—Gracias por despertarme —me dijo.

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“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Muchas gracias a Nea Poulain por betearme este relato

Palabras:  284

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lunes, 27 de julio de 2020

Enfermedades temporales || Relato julio


Creo que mi calendario se enfermó. No estudié medicina así que desconozco cómo interpretar los síntomas y, por primera vez desde que tengo acceso al internet, este no me da respuestas. Ni siquiera un «cáncer de días» o «gripa de días festivos». ¿Existirá tal cosa o me estoy inventando enfermedades?

Traté de buscar algún especialista, pero todos me tiran de loca. «¿Cómo va a estar enfermo un calendario?». No, no un calendario. Mi calendario. «Es lo mismo, no puede estar enfermo un objeto inanimado».

Pues no es lo mismo. Todos los demás calendarios funcionan perfectamente: de enero a diciembre, de lunes a domingo. Los números aparecen en el orden correcto: uno, dos, tres… y así hasta el treinta o treinta y uno, dependiendo el mes. Pero mi calendario hace lo que quiere: un día es lunes y de pronto, ¡bam!, ya es domingo.

No sería tan malo si no fuera porque ya van varios compromisos que me pierdo por culpa de la extraña condición que lo aqueja. Las personas con las que había quedado no me creen que no es mi culpa, sino de mi calendario enfermo que se salta los días. Yo tan tranquila pensando que es apenas lunes doce de abril; me voy a dormir y cuando despierto resulta que estamos a sábado veintidós. El concierto del trece y la cena con mis amigas del dieciséis completamente perdidas porque a mi calendario se le antojó. Y no se diga el trabajo, del que me corrieron porque falté una semana entera sin avisar.

Pero hasta ahí no iba tan mal la cosa. ¿Qué son algunos amigos? Y de todas maneras mi trabajo no me gustaba tanto. El verdadero problema vino cuando llegó mi casera a decirme que le debía dos meses de renta.

—Pero si sólo han pasado dos semanas desde el pago anterior —repliqué revisando mi calendario, donde efectivamente tenía marcado un «pago de renta» dos semanas antes—; se lo di el primero de mayo. —Señalo mi calendario para que lo vea.

—Estamos a veintiocho de julio.

Me mira con preocupación.

—Ahora mismo le transfiero —le digo antes de que decida correrme. Por suerte el perderme los compromisos hizo que ahorrara dinero.

Creo que mi calendario está enfermo. Antes se saltaba días, pero ahora se los come, repitiéndolos por semanas enteras. ¿Será que ustedes saben cómo puedo curarlo?

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Muchas gracias a Nea Poulain por betearme este relato

Palabras:  390

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lunes, 29 de junio de 2020

Los monstruos que se llevaron a papá || Relato junio


Un abrazo, un beso en la frente y sus últimas palabras: «Pórtate bien, obedece a tu madre y no olvides tus oraciones». Pensó que volvería después de eso, que, como las otras veces en las que se había ido, regresaría en un par de días; pero esta vez no es así.

—Se fue al otro lado para acompañar a tu tío Juan —le explica su madre—, para que no se los lleven.

—¿Quiénes?

—Los monstruos esos que nos prohibieron ir a misa.

Se estremece ante la mención de los monstruos. Nunca los ha visto, pero ha escuchado hablar de ellos, sabe que su papá los combatía en nombre de Cristo Rey y la Virgen, junto con tu tío y el esposo de Gertrudis, la cocinera. Pero no sabe cómo se ven y su mente de ocho años se imagina unas criaturas horrorosas de ojos rojos y garras.

—Se alejaron de Dios y sus designios—dice su madre santiguándose—, quieren convertirnos a todos en monstruos como ellos. Destruirán al país con sus blasfemias.

Agrega unos cuernos enormes y pezuñas a la imagen que tiene de ellos.

—Esos pinches perros del gobierno —escucha decir a Lupita, su nana, a Gertrudis, la cocinera, cuando creen que no escucha— se van a ir derechito al infierno por infieles.

Pelos y colmillos afilados se incluyen.

Atacan el domingo en la mañana, a la hora del rosario. Los gritos de Lupita desde la entrada las alertan con el tiempo suficiente para que su mamá y Lupita oculten los rosarios y las Biblias en sus bolsas y sacaran la baraja de cartas. Ella se esconde detrás del sillón, atemorizada.

Irrumpen con los fusiles en las manos —manos humanas, sin garras.

—Sentimos interrumpir, señoras. —Un hombre grande y bigotón se adelanta a los demás, fingiendo una sonrisa; tiene los dientes chuecos, pero no son colmillos—. Tenemos una orden de aprehensión para su esposo por colaborar con los rebeldes.

Escanea con la mirada la sala, mirando con el entrecejo fruncido, buscando algo.

—Mi marido no está —dice su madre con la voz firme.

—Disculpe que no le crea, señora. —Hace una señal hacia sus hombres—. Muchachos, busquen en todas partes.

Los militares se van con las manos vacías, igual que las dos siguientes veces que van a buscarlo. Cada vez les tiene menos miedo. Los monstruos sólo son personas. Pero aunque los «monstruos» ya no la asustan y el conflicto termina dos años después, su padre no regresa.


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Muchas gracias a Nea Poulain por betearme este relato

Palabras:  409

Este relato transcurre en la Guerra Cristera. Está inspirado en mi abuela paterna, su papá se fue a Estados Unidos junto con su hermano porque les avisaron que los iban a encarcelar por participar en ella (de lado de los religiosos). El señor se hizo pintor en Cleverland, Ohio y formó otra familia. Sí volvió, pero muchos años después, para morirse, el cabrón. Aún así esta escena es completamente inventada, pues ella nunca quiso contarnos de esos días, pero toda su vida estuvo marcada por el trauma del abandono. 

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