PersonalLibros  photo caravana_06.jpgArteCosas lindas que encuentro, mis favoritos de la semanaViajes

lunes, 24 de mayo de 2021

Leyes feéricas

 Nuevamente has fallado, y te queda una noche más, un intento final, si fallas lo perderás todo. Maldices el día que aceptaste hacer ese trato, maldices las decisiones que te llevaron a tal punto de desesperación que recurriste a ese mal hombre, maldices a tu padre, cuyas mentiras te llevaron a esa situación. 

Te engañó, así son los de su clase, pero tú confiaste en un intento estúpido de proteger tu vida. Nunca pensaste que cuando llegara el momento de cumplir con el trato no podrías. No soportas la idea de perderlo, jamás creíste que lo amarías tanto. En su momento era una posibilidad de vida contra la certeza de la muerte. Ahora piensas que hubiera sido mejor escoger lo segundo.

Acaricias su carita regordeta, su mejilla suave y tierna y se remueve en sueños quejándose. Retiras las mano. No quieres despertarlo. Te inclinas para darle un beso en su frente, apenas un roce de labios y te aseguras de taparlo bien antes de salir de la habitación. 

Sobre la mesilla del pasillo hay una tarjeta, la tomas con extrañeza; no estaba antes ahí. Es una tarjeta con impresión de oro. Hay un nombre: Robyn Brake, un título: Abogado feérico y una dirección. Una idea se forma en tu mente. Quizás este hombre pueda ayudarte en tu predicamento. 

***

Empiezas a dudar de que realmente pueda ayudarte. El lugar al que te lleva la dirección es un edificio destartalado y viejo, casi parece abandonado si no fuera porque ves luces en las ventanas y un gnomo de nariz abultada te recibe en la entrada. Le muestras la tarjeta y te señala el elevador.

—Piso 13, al fondo.

Una de las luces del pasillo titila de manera un poco tétrica y recorres el pasillo casi corriendo hasta llegar a la puerta. En ella hay una placa que confirma que estás en el lugar correcto. 

Tocas.

La puerta se abre sola. Y al entrar lo primero que ves es a una sirena en una piscina de plástico tecleando algo en su celular. 

—¿Puedo ayudarte en algo, preciosura? —te dice con una sonrisa repleta de colmillos. 

—Busco al señor Brake. 

Levanta el teléfono fijo y aprieta un botón. 

—Tienes una cliente. 

Hace un gesto con la mano para indicarte que entres por la otra puerta. 

El abogado es un hombre bastante apuesto, vestido con un traje verde. Las orejas puntiagudas, el cabello rojo y los ojos amarillos, como de gato, son lo único que delata su naturaleza feérica. 

—¿En qué puedo ayudarte? 

Le explicas tu problema, le cuentas con detalle desde la noche que se apareció en esa torre y te convenció de hacer el trato y cómo un año después exacto del nacimiento de tu hijo se había presentado para reclamarlo. Aguantando las lágrimas le explicas cómo te dio otra oportunidad, con una condición que al principio parecía sencilla de cumplir pero luego se convirtió en algo imposible. 

—Ah, ya veo —dijo Robyn Brake peinándose los bigotes con los dedos—. ¿Puedo ver el contrato? 

Dudas. 

—¿El contrato? 

—Sí, sí, el papel que firmaste. 

—No firme nada —dices con esperanza, entonces el trato no es válido.

—¿Le diste las gracias por el favor que te otorgó? 

Asientes con la cabeza. El abogado suspira.

—Entonces no puedo hacer nada, me temo. Si hubiera un papel escrito podría encontrarle la falla, una forma de burlar las reglas, como sabrás es nuestra especialidad, pero así no puedo hacer nada. El vínculo es irremediable. 

El nudo en tu garganta amenaza con asfixiarte y no puedes evitar echarte a llorar. 

—Sin embargo… —Algo de esperanza—. ¿Dices que te queda una noche para adivinar su nombre? —Asientes—. Bueno, pues sólo tienes que adivinarlo.

Te ríes, llena de frustración. 

—No puedo adivinarlo. Ya le dije todos los nombres que se me ocurrían, investigué cientos de nombres en internet, en libros, me inventé cosas… ¡nada! 

El abogado sonríe, inclinándose hacia el frente y susurrando, como si te fuera a revelar el nombre de tu atormentador te dice:

—Espíalo. Ve ahora mismo al bosque, y escóndete bien. Estoy seguro de que obtendrás la respuesta. 

Te limpias las lágrimas y haces un amago de sonrisa. 

—Gra… —Brake levanta la mano enfrente suyo para detenerte.

—No agradezcas nunca a alguien como nosotros. Ya ves lo que pasa. Matilda te cobrará al salir. 

***

Haces lo sugerido. Te escabulles en el bosque y te ocultas detrás de unos matorrales apenas ves una fogata en un claro. Escuchas claramente que alguien celebra algo y reconoces la voz. Entre risas demoniacas alcanzas a escuchar muy claro. 

«Esa tonta jamás podrá adivinar, pues mi nombre es Rumpelstiltskin»

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

“Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Palabras:  767

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 

miércoles, 19 de mayo de 2021

Portales a domicilio || Relato

Portales a domicilio

—¿Me quieres explicar qué es esto?

El periódico cae sobre la mesa con un sonoro plaf que hace que las libélulas salgan volando asustadas.

Saoirse le da un trago a su té y contempla con sus enormes ojos del color de la tierra húmeda a su madre, sin inmutarse ni contestarle. Ella vuelve a tomar el periódico y lo sacude frente a ella. Señala un anuncio, su anuncio. La niña —que no es una niña en realidad, sólo parece una— parpadea lentamente y se encoje de hombros, dándole otro sorbo a su té.

Su madre suspira. Las flores y los árboles se mecen como agitados por una gentil brisa. Se acomoda el periódico frente a ella, se sostiene los lentes frente a los ojos con una mano y comienza a leer fingiendo la voz para hacerla más aguda.

—«¿Estás harto del mundo humano? Seguramente alguna vez has soñado con ir al mundo de las hadas. Con pasear por un jardín encantado y bailar bajo la luz de la luna en una eternidad que parece un segundo. Perderte en el bosque y despertar en el palacio de la corte de la reina Maeve». ¡Saoirse!

La niña sonríe y vuelve a encogerse de hombros.

—¿Qué tiene? Tus jardines son los más bonitos.

La reina Maeve niega con la cabeza y sigue leyendo.

—«Montar dragones y cabalgar en lomos de unicornios. Vivir las aventuras más maravillosas, cosas que sólo ocurren en los cuentos. O eso crees tú.

»Habrá momentos, que en ese momento cuando estás a punto de quedarte dormido vengan a tu imágenes de los verdes campos del País de las Hadas, de Oz, de Narnia o del País de las Maravillas. Y que sientas esa nostalgia por un lugar lejano a que nunca fuiste, al que no lograste ir.

»Pues no esperes más. Por el reducido precio de un tazón de leche con miel y un kilo de frutos del bosque —de preferencia recién recogidos—, ¡viaja a donde tú quieras!*»

Se hizo un silencio cuando termina de hablar, sólo se escuchan los pájaros y grillos en su concierto de medio día.

—¿Y bien?

—Pues estoy aburrida.

—Querida mía, —Maeve se sienta enfrente de ella, desaparece el periódico y la toma de las manos—, sabes que ya no tenemos permitido entrometernos en el mundo de los humanos.

Saoirse arruga la nariz y frunce la boca mientras se cruza de brazos.

—¿Y qué me dices de mi tía? ¿Por qué ella sí puede ir por ahí dando dinero a los niños por las noches a cambio de sus dientes y yo tengo que quedarme aquí aburrida? Y Morfeo igual, va por ahí regalando sueños por doquier a cambio de un pedacito de sus recuerdos.

—Ellos son distintos, tú lo sabes. Cuando hicimos el acuerdo con la bruja de las Brumas se acordó que ciertos intercambios eran necesarios para mantener el equilibro de la magia.

—No sólo ellos —agrega Saoirse—. Duendes, chaneques y los cambia formas están ahí contentísimos, pasándola bien, molestando a los humanos y sus animales.

—Ellos siempre han hecho lo que les place.

—¿Y nosotros no?

Maeve suspira y mira a su hija. Le recuerda a ella misma cuando apenas llevaba unos siglos sobre la tierra, cuando los límites entre ambos mundos eran mucho menos tangibles. Ya no es una niña,

—Los humanos son malvados, crueles y egoístas. Por eso nos alejamos de ellos. Pero si quieres hacerlo, no te detendré.

***

Saoirse se divertía. Encontraba fascinante observar a los humanos y sus objetos. Disfrutó de lo lindo llenando el agujero en el árbol al que había convertido en su hogar temporal de cachivaches varios y robando comida en las casas. Jugando con los animales domésticos y con los salvajes, que se parecían a los animales de su hogar.

Se río a carcajadas la primera vez, en la ilustración de un libro que sacó de la biblioteca central, lo que las personas consideraban era un hada. Se hubiera sentido ofendida, pero en lugar de eso, decidió tomar esa apariencia. Después de todo, las mujeres humanas eran lindas también.

***

Su primer cliente fue una mujer anciana, que le contó que de niña había estado tres días en un reino de hielo. Ahora, en su vejez, ansiaba con regresar a los congelados parajes y volver a ver al príncipe de piel azul y ojos blancos que había bailado con ella durante la fiesta del solsticio de invierno.

Luego la buscaron dos niños, hermanos gemelos que no se ponían de acuerdo de a dónde querían ir. Entre risas le pidieron que ella decidiera, así que los mandó al reino de la indecisión, donde nunca nadie toma decisiones y se dejan guiar por una enorme brújula en el centro de la plaza principal.

Un hombre joven, con el corazón lleno de melancolía por la pérdida del hombre al que había amado toda su vida a manos de una enfermedad, le pidió un portal al inframundo, para ir a buscarlo. Saoirse le advirtió de los peligros, él insistió.

Un par de personas quisieron engañarla, no querían portales, sólo comprobar si era real el anuncio. Algunos intentaron atraparla, otros tomarle fotos y hubo una mujer que dijo que le pagaría por día si dejaba que las personas la vinieran a ver, como si fuera una pieza en un museo.

Abrió portales a distintos mundos. Y conoció a muchas personas. Su corazón rebosaba de alegría de estar haciendo algo que siempre había querido. Le emocionaba lo divertido que era todo.

***

Alguien la está llamando.

La despierta el delicioso aroma de la leche tibia y la frescura de las fresas y zarzamoras. Estira sus recién adquiridas alas, parecidas a las de las mariposas monarcas y las sacude para desentumirlas, bostezando sin taparse la boca.

Su cliente es una mujer. No es distinta a las demás que ha visto en el mundo humano, todas tienen la mortalidad en la mirada y la falta de magia en el aura. Tiene una expresión triste, cansada y los años se marcan en su piel. Cuando descubre a Saoirse devorando una fresa sus ojos se abren enormes de sorpresa. Todos reaccionan así. Al preparar el pago siempre lo hacen con cierto escepticismo, esperando que no ocurra nada, en realidad. Incluso los niños, pues sus padres siempre les han dicho que las hadas no existen.

Se presenta, haciendo una exagerada reverencia que hace reír a la humana. Saoirse adora ese sonido, es un repiqueteo maravilloso que siempre suena distinto y que la llena de una sensación placentera.

—¿Y bien? ¿A dónde quieres ir? —pregunta limpiándose la boca con su mano luego de beber la deliciosa leche con miel.

La mujer, cuyo nombre es Aurelia, suspira.

—A decir verdad… —la voz le tiembla y Saoirse adivina lo que sigue—, no quiero ir a ninguna parte.

—Entonces me voy.

—¡No! Espera. Te daré más frutas, o lo que quieras. —Saoirse de detiene en seco y voltea a verla cruzando los brazos—. ¿Podrías quedarte? Sólo una hora, si quieres.

—¿A hacer qué?

—¿Me contarías una historia?

Las historias son la cosa favorita de Saoirse, así que no puede resistirse a eso y accede.

—Con una condición, debes contarme tú una a cambio.

***

Se convirtió en una recurrencia. Cada día intercambiaban historias. Aurelia era escritora, tenía cientos de cuentos, la mayoría sin terminar. Pero no importaba que no tuvieran final, no a Saoirse, porque los cuentos no deberían tener final, en su opinión. El final es un concepto humano, pues ellos sí tienen uno, o eso creen, incluso quienes tienen el concepto del más allá, pero para ella, un ser del Reino de las Hadas no existía el final. Los cuentos que ella misma contaba eran incompletos, también.

Un día, cuando habían pasado ya varios años desde aquella vez que la conoció, al terminar de contar cada una su historia, Aurelia, a quien el cabello oscuro se le había vuelto blanco, le dijo que ya sabía a dónde quería ir.

—Mándame al lugar del que vienes tú.

—¿Eso quieres? —Saoirse se sentía triste de que su amiga fuera a abandonarla se había acostumbrado a acudir a su casa día con día.

Aurelia asintió.

—Bien. Te gustará, eso seguro. No hay lugar más hermoso.

***

Siglos después, apenas unos meses en el Reino de las Hadas, Saoirse volvió. Se había cansado de mandar gente a otras partes. Se había aburrido de la monotonía del mundo humano y lo que alguna vez le parecía novedoso o emocionante, se le hacía repetitivo.

Maeve la recibió con un banquete, todo el reino se regocijaba de su vuelta y ella no podía sentirse más feliz de estar ahí.

En una esquina de la mesa, entre silfos y nereidas Saoirse descubrió un rostro familiar. Trató de acordarse, pues estaba segura de que esa persona no pertenecía a ese mundo.

—¿Quién es ella? —le preguntó a su mamá.

—La tejedora de historias —le respondió—, dijo que era tu amiga.

De pronto lo recordó. A su mente vinieron aquellas tardes y noches que pasó en compañía de esa mujer.

«Aquí no tienes que terminar tus historias para que sean apreciadas».

Aurelia le sonrió, saludándola con la mano. En sus ojos ya no pesaba la mortalidad.


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

  “Este relato participa en el Reto Spring Fairy’s organizado por TanitBeNajash

En su modalidad difícil.

Total de palabras: 1527

Palabras usadas del reto: jardín, lejano, azul, magia, risas, niñe, melancolía, bruja, bruma, engaño, brisa, frutos del bosque, corazón, leche y miel, contemplar, sueños

Agradezco sus comentarios~ <3

miércoles, 28 de abril de 2021

Gran Aventura

 He came to me with the sweetest smile
Told me he wanted to talk for a while
He said Peter Pan that's what they call me
I promise that you'll never be lonely.

Lost Boy ~ Ruth B.

El aire helado de la noche te cala la piel y te hace estremecerte incluso bajo el abrigo que te pusiste sobre la pijama de felpa para tratar de soportar el frío. No quieres cerrar la ventana. No puedes hacerlo. ¿Qué tal que él llega y la encuentra cerrada?

Porque va a venir, lo prometió. Por eso esperas.

Pacientemente a veces, al borde de la desesperación otras. Las noches cálidas aprecias la brisa; no tanto a los mosquitos que se meten libremente y se dan un festín con tu sangre. Las noches frías es un poco más difícil. Al menos no vives en Londres donde el frío es el común denominador y a estas alturas del año la nieve cubre las calles. El frío aquí es mucho más manejable. Las noches con lluvia son las peores, tienes que recorrer tu cama y quitar las cosas del piso; poner cubetas para tratar de captar el agua y trapear cada tanto para evitar que la duela se hinche.

Te preguntas cuánto más tardará, porque el tiempo se te acaba, la vida se te escapa.

Cuando la espera se te hace casi insoportable te hundes en la memoria. Recuerdas la primera vez que te visitó en esa misma habitación, su risa tintineante cuando encontró su sombra colgada en tu closet, perfectamente planchada y procedió a arrugarla intentando engraparla a sus zapatos. El grito que pegó cuando la grapa atravesó su suela y se encajó en su dedo te despertó. Pensaste que se había metido un ladrón y estuviste a punto de llamar a gritos a tu madre cuando escuchaste que lloraba, eso te detuvo. Saliste de tu cama y te acercaste en puntitas al niño apenas un poco mayor que tú que lloraba mientras se sobaba el pie y sostenía con el puño la sombra.

—¿Por qué lloras?

El niño se sobresaltó y pegó un brinco del que no bajó. Tus ojos se abrieron enormes al ver que estaba flotando.

—¡Sabes volar! —exclamaste.

El niño, sonrió con suficiencia.

—Pues claro, ¿tú no?

Negaste con la cabeza.

—Pues te voy a enseñar. Pero antes, —levantó la sombra que se retorcía intentando escapar del agarre—, ¿me ayudas a pegarme esto? La muy traviesa se me volvió a escapar porque se rompieron las costuras. ¿Sabes coser?

Negaste con la cabeza, de nuevo.

—Puedo pegarla con algo —sugeriste y fuiste a tu escritorio a buscar la pistola de silicón en uno de los cajones; cuando lo abriste una lucecita se paseó frente a ti produciendo un tintineo y se fue volando. Revoloteó produciendo más de ese tintineo alrededor del chico.

—Ups, perdón —dijo el niño a la luz—, no me fijé. No te enojes conmigo.

Te divirtió ver cómo intentó alejar a la lucecita que atacaba su rostro con una mano. Ayudaste a pegar la sombra que dejó de agitarse sin orden y replicó los movimientos de su dueño como lo suelen hacer las sombras.

Entonces se presentaron y supiste que su nombre era Peter Pan. Te enseñó a volar, con la ayuda del polvo mágico de Campanita, el hada, y pensamientos felices. Luego de volar varios minutos por tu habitación te habló de Nunca Jamás. De sirenas, piratas, la tribu de Tigridia; de aventuras, juegos y aves con nidos en sombreros. No dudaste en acompañarlo cuando te lo pidió.

A veces te entra la duda. ¿Y si fue todo un sueño? Tu psiquiatra y tu padre dicen que lo fue: «una fantasía producto del trauma por el tiempo que te tuvieron los secuestradores». Pero sabes que es real. Tienes el collar de bellotas que te dio, la pluma del ave y la escama de sirena que te dio una de ellas en agradecimiento por haberla rescatado de un tiburón para probarlo. Aunque para ellos no sea muestra suficiente, para ti sí.

Fueron los mejores meses —¿o años?, el tiempo no funciona igual en ese lugar— de tu vida. Pero tuviste que irte, tu madre estaba enferma cuando te marchaste con Peter sin dejar siquiera una nota de despedida. Lo habías olvidado, pero de pronto lo recordaste y te dio miedo que le hubiera pasado algo en tu ausencia. Con frecuencia te arrepientes de haber tomado esa decisión. Cuando le dijiste a Peter lo tomó mal, hizo un berrinche impresionante que hizo que todos los árboles de Nunca Jamás se quedaran sin hojas. Pero luego de eso te regaló el collar y te llevó de vuelta a tu casa.

Cuando lo viste en el marco de tu ventana, dispuesto a volver sentiste miedo y lo detuviste.

—¿Volverás por mí? Sólo quiero asegurarme de que mi mamá está bien.

—Volveré. Lo prometo —te dijo sonriendo de esa manera que tanto te gustaba y se fue volando. Lo observaste alejarse hasta que dejaste de verlo.

No va a romper su promesa, te repites. Es solo que el tiempo en Nunca Jamás es distinto, y quizás para Peter no ha pasado tanto como para ti. Tampoco tiene manera de saber que debe apresurarse, de que una maldita enfermedad consume tus entrañas y tu cuerpo lenta pero inevitablemente. La misma enfermedad que se llevó a tu mamá.

Tiemblas de nuevo cuando te acercas aún mas a la ventana para mirar. Tu enfermera insiste en que no es bueno que tu cama esté pegada a la ventana si la vas a tener abierta. Tu cuerpo resiste menos el frío y una gripa podría matarte. Pero te gusta mirar las estrellas. Te imaginas que lo ves de lejos y le gritas, y él llega volando sonriendo y te abraza. Se ríe en tu oído y en tu mente casi puedes escuchar cómo dice:

—Tengo muchas aventuras que contarte, por eso no vine por ti, estuve ocupado. ¡Pero ya estoy aquí! Como lo prometí.

Te toma la mano y de un brinco se van los dos volando a la segunda estrella a la derecha, hasta el amanecer.

La enfermera entra y lo primero que hace es reñirte por dormir otra vez con la ventana abierta. Se acerca a tomarte el pulso y darte tus medicinas. Pero ya no puede hacer ninguna de las dos cosas. Ya no estás ahí, has vuelto a casa.

Neverland is home to lost boys like me
And lost boys like me are free.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Palabras:  1031 (sin contar la canción)

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 

 

miércoles, 24 de marzo de 2021

Concierto dominical

Cada domingo, exactamente a las cuatro de la tarde, sonaba la primera nota de la trompeta. Dania, mi compañera de departamento, me volteaba a ver con el ceño fruncido y la boca torcida y yo le respondía con una mirada y un asentimiento de cabeza que significaba «sí, ya sé, otra vez».

La primera vez que lo oímos sólo nos reímos un poco de lo mal que tocaba y de cómo sus intentos por afinarse resultaban fallidos. A veces podíamos identificar un pedazo o dos de algunas canciones populares, pero la mayoría del tiempo no teníamos idea de qué intentaba tocar. La segunda vez pensamos que sería algún vecino, tratando de aprender a tocar la trompeta y que sólo tenía oportunidad de practicarla los domingos de cuatro a cinco con una precisión cronométrica.

Fue hasta el tercer domingo que, al asomarme de la ventana de mi habitación, descubrí que el trompetista desafinado se ponía justo enfrente de una casa del otro lado de la calle. No parecía como uno de esos artistas o músicos ambulantes que tocan para buscar dinero. O bueno, sí parecía, pero es que en esa calle no suele pasar mucha gente y aunque fuera el caso, dudo que le hubieran dado dinero, a menos que fuera por lástima.

Quizás, pensé, le está llevando serenata a alguna de las personas de esa casa. Y entonces sentí algo de ternura por ese hombre enamorado que trataba —énfasis en el trataba— de deleitar a la persona que amaba con su música. Imaginé cientos de historias en mi cabeza, teorías varias de los motivos que lo llevaban a entonar —desentonar, más bien— melodías de trompeta.

Con el paso de los domingos me percaté que no sólo se paraba frente a esa casa y por una hora tocaba su instrumento sin descanso, sino que además tocaba las mismas canciones, siempre en el mismo orden. A pesar de que iba todas las veces no mejoraba y, con el tiempo, me cansé de espiarlo. Simplemente decidí ignorarlo y escuchar el concierto desde la sala de mi casa, mientras que Dania y yo tratábamos de adivinar qué canción era, o si sólo se la estaba inventando.

Un domingo me di cuenta de que no había escuchado a la trompeta a pesar de que eran cuarto para las cinco. Me asomé por la ventana y no vi a nadie. Me preocupé un poco y sólo pensé que ojalá no le hubiera pasado nada al trompetista. Que ojalá y por fin hubieran dado fruto sus serenatas y aquella persona lo había recibido directamente en su casa, o que esa persona se hubiera mudado, o que simplemente se hubiera cansado de que no funcionara y se había rendido.

El domingo siguiente, en punto de las cuatro de la tarde escuché una marimba. Me asomé a la ventana y lo vi ahí, frente a la casa, tocando con enorme concentración. 

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Basado en hechos reales, excepto que la marimba la tocan 2 personas y no son las mismas que la trompeta. Lo que sí es que el trompetista ya no se ha aparecido y aunque mis oídos lo aprecian, espero que esté bien.

Palabras:  501

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 

domingo, 28 de febrero de 2021

El jarrón

Mi abuela tenía un jarrón antiguo en su sala que desde que tengo memoria me atraía. Quería destaparlo y pasaba horas mirándolo desde abajo, pues lo tenía en la repisa más alta del librero repleto de volúmenes desgastados, e imaginándome las cosas que guardaba en él. Era un jarrón sencillo, de barro negro con únicamente tres líneas onduladas y paralelas hechas con pintura dorada. 

Cuando tenía siete años intenté escalar el librero para llegar a él, cuando estaba por alcanzarlo me caí, y me rompí el brazo. «Antes no te rompiste la cabeza» me regañó mi madre.  

A los trece conseguí bajarlo, subiéndome a una silla arriba de otra silla. Por fin pude tocarlo. Era mucho más grande de lo que me había imaginado, pero a pesar de su solidez y tamaño, era increíblemente ligero. Con decepción pensé que seguramente estaba vacío, pero ya había llegado hasta ahí y mi curiosidad no iba a verse satisfecha sino hasta que lo abriera. Tenía ya aferrada la tapa cuando llegó mi abuela. 

—¡¿Qué haces con eso?! ¡Déjalo en su lugar inmediatamente! 

Nunca la había visto tan enojada, así que me asustó muchísimo su reacción; obedecí sin rechistar. 

El jarrón siguió ahí, durante años. Siempre que iba a visitarla lo miraba y seguía sintiendo el mismo anhelo de abrirlo. Pero me aguantaba porque recordaba la expresión de pavor en el rostro de mi abuela y su regaño, y me asustaba.

Cuando mi abuela murió y me heredó el jarrón, en el anexo del testamento decía claramente que no debía abrirlo, era la única condición que debía cumplir para que me lo entregaran. Me costó muchísimo aceptarlo y día con día deseaba romper la regla y abrirlo. ¿Qué habría dentro que no debía ver? Ese pensamiento comenzó a perseguirme día y noche.

Un día no lo soporté más. Destapé el jarrón y me asomé a su interior. Estaba vacío. Mi estómago se hundió y sentí indignación contra mi abuela por haberme prohibido abrirlo, alimentando mi curiosidad de esa manera. No sé qué me imaginé que tendría, pero definitivamente no encontrarlo vacío. Sin embargo, cuando iba a volver a taparlo encontré resistencia, algo empujó mi mano haciendo que la tapa saliera volando. Del jarrón se escapó una ráfaga de viento que fue creciendo hasta convertirse en un enorme torbellino que me arrastró, junto con todas las cosas de mi casa, el edificio entero, los árboles y casas vecinas por varios kilómetros. 

Mientras daba vueltas y vueltas, tratando de esquivar los objetos para que no me pegaran y gritaba disculpas que se veían opacadas por el silbido del viento, los maullidos, ladridos y gritos de otras personas, entendí por qué mi abuela le tenía miedo a las alturas. 

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

El prompt era escribir algo inspirado por tu signo del zodiaco. Me costó un montón porque nada de lo que se me ocurrió me funcionaba y entonces leí la entrada de wikipedia sobre Acuario y copio y pego: "En la mitología, Acuario es asociado a menudo con la figura mitológica de Odiseo, rey de Ítaca, cuya historia se cuenta en el mito griego de la guerra de Troya, recogido en el poema épico La Odisea del autor clásico Homero. Se representa a Ulises portando la "jarra de los vientos" entregada por el dios Eolo a Ulises, que contenía todos los vientos contrarios que podían impedirle su retorno a Ítaca". 

Toda la vida me ha confundido mucho que Acuario sea un signo de aire.

Palabras:  452

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 

jueves, 28 de enero de 2021

De piedra

Escaló la verja de metal con la facilidad que varias noches haciendo lo mismo le habían dado. Caminó entre las tumbas sin tropiezos, a pesar de la oscuridad; conocía ese camino de memoria, podría recorrerlo con los ojos cerrados. Bueno, quizás eso último fuera una exageración; no se atrevía a probar y acabar cayendo a alguna fosa recién excavada o perturbar a algún fantasma al golpear su lápida. 

Llegó a la parte más descuidada del cementerio, donde las lápidas habían perdido sus nombres, desgastadas por el tiempo, y la hierba crecía sin que los familiares ni el gobierno se preocupara por recortarla. Entre las criptas victorianas estaba su destino. 

—Hola —saludó a la estatua susurrando, aunque sabía que no sería devuelto.

Sacó de su mochila un trapo y su cantimplora para mojarlo y comenzó a limpiarla con cuidado, retirando la mugre acumulada por quién sabe cuántos años.

Era una mujer joven, de cabello largo echado hacia atrás por una corona de flores, y cubierta con una túnica. Sus finos labios se curvaban ligeramente hacia arriba como si ocultara un secreto y su nariz pequeña y ligeramente achatada le parecía adorable. Tenía los ojos cerrados; el artista incluso se había preocupado por hacerle pestañas. Llevaba una de sus manos al pecho y el otro brazo relajado a su costado. Era hermosa y a pesar de la hiedra y suciedad parecía que la habían esculpido apenas. Cada vez que la miraba sentía como el pecho se le comprimía en una mezcla de nostalgia y anhelo que no se podía explicar. Desde la primera vez que la vio.

***

El balón se había volado al interior del cementerio y ella perdió el sorteo para ver quién iba a buscarlo. Tuvo que darle toda la vuelta a la cuadra para entrar, se dirigió hacia la parte que colindaba con el parque. Se puso de peor humor cuando vio que estaba todo lleno de maleza y que no se veía por ningún lado el balón. Resignada comenzó a mover las plantas, se detuvo cuando tocó algo frío y duro y retiró la mano con desagrado, pero luego decidió inspeccionar qué era. Al quitar una de las ramas fue que develó el rostro de la estatua. 

El corazón le dio un brinco cuando su celular vibró en el bolsillo. 

—No encuentro el maldito balón —respondió enfurruñada—, no se puede pasar a donde cayó. 

—Déjalo ahí entonces, dice Luis que compra otro —le contestó su amiga.

—Podría haber dicho eso antes de mandarme aquí —dijo y colgó de mal modo. 

Regresó al día siguiente, dado que no había podido dejar de pensar en la estatua. Le intrigaba y quería saber más de qué había ahí. La profunda impresión que le había causado sólo ese pedazo de escultura la instaba a volver para descubrirla por completo. 

Para su mala fortuna ese día había un entierro y no se atrevió a explorar cerca de ellos; al siguiente día la sorprendió el vigilante y le dijo que no debía estar ahí; y, la última vez que intentó ir de día, descubrió que los lunes lo cerraban. Así que decidió ir de noche y a esa noche le siguieron varias en las cuales iba poco a poco retirando las plantas que la cubrían y develándola por completo, limpiándola poco a poco

***

Sabía que era una tontería estar enamorada de una estatua, pero no encontraba otra manera de describir esa emoción que la embargaba cuando estaba ahí. En sus fantasías imaginaba que la estatua era una princesa hechizada o una dulce dama maldita a permanecer como piedra hasta que algo pasara que rompiera la maldición. Que cuando acabara de limpiarla regresaría a su verdadera forma. O quizás si entrelazaba sus dedos entre los tiesos dedos de mármol. Incluso intentó —una vez que terminó de limpiarle el rostro— con un beso. En los cuentos de hadas siempre se rompen los hechizos con el beso del verdadero amor… 

Se sintió bastante tonta cuando, habiéndose parado de puntillas para presionar sus labios contra los de la estatua, no ocurrió nada. Soltó una risa nerviosa.

—¿Qué esperabas que pasara? —se dijo a sí misma decepcionada.

***

Las visitas al cementerio y los intentos por romper la maldición inventada se fueron haciendo cada vez más escasos. La opresión en su pecho encontró otro motivo, otro destinatario. La estatua permanecía fría e inmóvil en su lugar, limpia y visible para todo el mundo. Olvidada una vez más.


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Muchas gracias a Nea Poulain por betearme este relato

Palabras:  737

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 

jueves, 17 de diciembre de 2020

Relato diciembre || Intercambio de almas

Me dijeron que era la única que podía regresar las almas a sus cuerpos verdaderos. Pasé tres noches y tres días estudiando los libros de los antiguos maestros, hasta que ya no me podían esperar más. El ritual salió mal, ahora todos estamos en peligro. 

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Palabras:  50

Y con esto termino el reto de este año. Me siento muy feliz de haber logrado escribir los doce relatos :)

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios