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viernes, 27 de marzo de 2020

Espectáculo de luz y sonido


Cae la noche sobre la antigua ciudad de Uxmal. La luna brilla casi llena sobre el cielo, pero desde el suelo no se distingue debido a los gruesos y oscuros nubarrones que la cubren, amenazando con dejar caer su pesada carga en cuanto se les indique.

Pero por el momento se contienen y esperan, observando con atención el espectáculo que se desarrolla debajo. Saben que hay alguien más que observa. O más bien son cientos de personas las que están abajo, mirando desde una mejor posición que ellas aquella fiesta —por llamarla de alguna manera— de luces y sonidos. Pero esas personas no son él.

Él no es una persona, pero tampoco es que no lo sea. A veces es carne, a veces es plumas, a veces piedras o a veces sólo un nombre . Pero esas cosas no importan; no a las nubes ni a él .

No sabe por qué disfruta tanto este espectáculo. Es un tanto ridículo, armado para satisfacer a los turistas que visitan diariamente. Las historias que cuentan, siempre con ese tono de misticismo y «magia» —sí, cómo no—, están plagadas de verdades a medias. Pero aún así aprecia que se le recuerde y que le recuerden, a través de éste, sus momentos de mayor esplendor.

Debería sentirse ofendido, piensa, a veces. Una cosa son los respetuosos rituales y fiestas que se siguen celebrando cada año en su honor y otra muy distinta es esta pantomima diseñada para extraer dinero a la gente. Pero en su lugar se divierte observando las paredes iluminarse con esas luces artificiales, escuchar —y casi sentir— el suelo vibrar como si cayeran truenos y observar los rostros emocionados del público.

El espectáculo termina. Las luces se apagan y se escucha un ensordecedor aplauso. Es su momento favorito pues suena como si cayera la lluvia, cada palmada como gotas de agua rebotando contra la piedra de las pirámides. Chaac sonríe mostrando los colmillos. Es la señal que esperaban las nubes y con una exhalación sueltan su carga con fuerza, sorprendiendo a los espectadores y empapándolos. Chaac blande su hacha partiendo el cielo de una tajada; la luz se cuela un instante, seguida por el estruendo causado al cerrarse.

Las personas abajo corren, cubriéndose como pueden y tratando de ocultarse de la lluvia. Chaac ríe a carcajadas, satisfecho de su travesura.


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“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Muchas gracias a Nea Poulain por betearme este relato 
(y por tus comentarios bonitos). 

Y a Nanune Luna por revisarlo y ayudarme con sus conocimientos sobre los mayas.

Palabras: 387

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 

martes, 25 de febrero de 2020

Doña Reyna || Relato febrero


Me recomendaron que fuera a la casa de Doña Reyna a que me curara los dolores de pecho. La primera y última vez que había entrado a ese lugar tenía siete años. Iba acompañando a mi mamá, que estaba embarazada de mi hermanita, a su consulta semanal. Con esa visita bastó para que decidiera que no volvería nunca más.

Pero el dolor se hacía cada vez más intenso, al grado de dejarme en cama días enteros, y ninguno de los doctores que me revisaron supieron decirme a qué se debía. Una fortuna gastada en estudios para nada.

—Te han de haber hecho un mal de ojo —dijo mi madrina, una de las que me sugirió que fuera a ver a Doña Reyna—, o un conjuro de esos feos.

—Chale, tía, ¿en serio cree en eso? —No pude disimular mi escepticismo.

—A la hija de la maestra le hicieron uno —me aseguró—, a los cinco días no dejaba de vomitar bilis y sangre, pero Doña Reyna le hizo uno de sus menjurjes y al día siguiente estaba como nueva.

Así que pese a mi promesa hacía tantos años me encontré camino a la casa de la famosa Doña Reyna.

Las punzadas en el pecho y el esfuerzo de ir subiendo la colina me impedían ir rápido. Tenía que detenerme a agarrar aire cada tres pasos. Mi única preocupación era llegar antes de que anocheciera porque entonces sí me iba a dar más miedo entrar y hablar con la señora.

Toqué la enorme puerta de madera, temblando de pies a cabeza de nervios. Me abrió una mujerno mucho más grande que yo, de piel morena, como todos en el pueblo, y con el largo cabello negro recogido en una trenza.

—Buenas tardes —la saludé con timidez—, ¿está Doña Reyna?

—¿Pa’ qué la quieres? —entornó los ojos negros y brillantes, analizándome con tanta intensidad que me dio un escalofrío—. Tu mamá es Gloria, ¿verdad?

Asentí. Se movió a un lado para dejarme pasar.

La decoración no había cambiado en nada: las paredes cubiertas de cientos de santos y figuras que no reconocía —algunos de cabeza, otros amarrados con cuerdas—, veladoras de todos los colores eran la única fuente de iluminación, y colgadas en todas partes diferentes hierbas cuyo olor me atacó los sentidos, provocándome mareo. Una cama al fondo semi oculta por una cortina, una mesa de madera cubierta de frascos, dos sillas, una vieja estufa de leña y un mueble de muchos cajones.

—¿Qué es lo que tienes? —me preguntó, señalándome la silla junto a mesa para que me sentara.

—Vine a ver a Doña Reyna porque me duele mucho el pecho. —Me tallé justo donde dolía—. Los doctores no saben por qué, ¿no está en casa?

—Yo soy Doña Reyna. No preguntes —me advirtió, al ver que iba a hablar.

No era posible que la mujer en frente mío fuera Doña Reyna. La bruja ya era una anciana cuando vine por primera vez. «Quizás es su hija», me dije mentalmente, aunque no recordaba haber escuchado que Doña Reyna tuviera hijas. Decidí que no quería darle importancia a eso, lo que quería era que me curara —o admitiera que no podía— e irme corriendo de ese lugar.

—Quítate la camisa —me ordenó, al tiempo que abría y cerraba los cajones sacando cosas de algunos y colocándolos en la mesa. Luego me miró y me señaló—. Eso también, necesito que te descubras todo el pecho.

Obedecí y luego la observé echar las cosas en una olla sobre la estufa y prendía el fuego. Mezclaba lo que estaba preparando cada cierto tiempo, en completo silencio. Me aterraba hablar y que se molestara conmigo por distraerla. Al final apagó el fuego y sirvió el líquido resultante en una taza.

—Bébelo así caliente.

—Pero está hirviendo —me quejé.

—Te va a doler de todas formas —se encogió de hombros— y es más efectivo si lo tomas así.

Me quemé la boca y la garganta, y esperaba el ardor en el estómago, pero en su lugar el calor se extendió por todo mi pecho. Grité.

Cuando recuperé el conocimiento ya era de noche. De alguna manera me había llevado a la cama.

—Por fin despiertas —dijo con voz ronca y señaló el borde de la cama—. Tu ropa está ahí encima, ¿cómo te sientes?

Me sorprendió comprobar que el dolor había desaparecido por completo.

—Ya no duele —le dije, mientras me vestía sólo con la camiseta.

—Muchas gracias. ¿Cuánto le debo? —Me empecé a acercar a ella buscando en mis pantalones el dinero. Ella me detuvo levantando la mano.

—Tráeme dos conejos de la granja de tu mamá mañana.

—De acuerdo. —Me di la vuelta para salir, mientras dormía estaba bien, pero ahora me seguían asustando las figurillas, sentía que algunas me miraban— Muchas, muchas gracias.

Antes de salir me giré para volver a verla. Y podría jurar que, en unas horas, había pasado de ser una mujer joven a una de más edad. Pero me ganó más el miedo que la curiosidad, y además no podía ver bien porque mucha luz no había, así que me despedí y salí corriendo para volver a casa. 

Definitivamente ya no me dolía nada.

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“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Muchas gracias a Nea Poulain por betearme este relato. 

Palabras: 864

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 


lunes, 27 de enero de 2020

Puertas || Relato de enero


La primera vez que ocurrió tenía ocho o nueve años. Las niñas de mi escuela no me dejaban jugar con ellas y ya me había cansado de jugar fútbol con los niños, así que fui a mi lugar favorito. Al fondo del campo donde estaban las canchas había un enorme árbol sin hojas: su tronco retorcido permitía subirse a él con facilidad y encontrar lugares dónde sentarse. Me gustaba ir ahí cuando el mundo se volvía demasiado abrumador; nadie me molestaba, podía leer u observar de lejos a mis compañeros.

Para mi sorpresa ya estaba ocupado por un niño que no había visto antes. Empecé a retroceder, dispuesto a buscar un lugar distinto para pasar mi recreo, pero él me llamó por mi nombre. Había algo en su manera de pedir que no me fuera que me hizo decidir quedarme. Platicamos todo el recreo y al final de este me pidió que lo acompañara a su casa. El timbre para anunciar que debíamos volver a clases sonó y confundido por su petición y preocupado de llegar tarde me despedí de él.

Pregunté por él los días siguientes, pues ya no regresó al árbol, pero nadie parecía conocerlo.

La segunda ocasión fue unos años después, ya en secundaria, durante un viaje escolar. El paseo era en un bosque, famoso por su río de aguas calientes. Cuando llegamos al lugar donde íbamos a quedarnos a nadar y comer, desobedeciendo a los profesores, mi mejor amiga y yo nos separamos del grupo. No nos alejamos mucho: sólo volvimos unos metros atrás, porque camino al lugar vimos una cueva, no muy grande; no parecía muy profunda, pero a los dos nos dio curiosidad y decidimos explorarla.

Honestamente estaba un poco asustado de que hubiera algún animal salvaje o serpientes en esa cueva, pero la emoción de la aventura fue más fuerte que mi miedo. Unos pasos adentro vimos que la cueva se bifurcaba, así que decidimos separarnos. Poco más adelante se dividía nuevamente, así que decidí tomar el camino izquierdo. Mientras más avanzaba más sentía el impulso de seguir. Olía a humedad y musgo. Pese a que ya no se veía la entrada, podía ver perfectamente gracias a que más adelante se veían pequeñas luces, como series de navidad parpadeantes y con eso era suficiente para iluminar el camino.

No pude avanzar mucho más, pues el grito de mi amiga llamándome me hizo regresar corriendo. Con el corazón en la garganta pensando que algo le había pasado por su tono de desesperación. La encontré donde nos habíamos separado: había estado llorando. Cuando me vio me abrazó con tanta fuerza que me dolió. Me explicó que su lado de la cueva no era muy largo y luego de esperarme quince minutos había intentado entrar a buscarme, pero estaba oscuro y mejor me empezó a gritar, pero no respondía. Estaba ya a punto de ir a buscar a los maestros cuando salí por fin. Decidimos volver, pues no queríamos que se dieran cuenta de que nos habíamos alejado. Unos meses después regresé al lugar. Ahí estaba la cueva, tal y como la recordaba, pero el camino que yo había tomado llegaba apenas medio metro adelante, incluso se podía ver la roca desde afuera y no tenía una segunda bifurcación.

La tercera fue cuando iba a cumplir dieciséis años. Fui con mi familia a conocer un pueblo. No era la primera vez, pues nos gustaba ir ahí por su cercanía a un bosque y porque la plaza es muy linda, sus calles empedradas y casitas rústicas son como salidas de un cuento. Caminando desde la cabaña que habíamos rentado al centro pasamos por una casa que llamó mucho mi atención. No tenía ventanas; sólo una enorme puerta de madera con varios símbolos pintados que estaba cerrada. Quise tocar, necesitaba entrar y saber qué había en el interior de ese lugar. Pero moría de hambre y mi madre ya estaba adelante mirándome con impaciencia para que la alcanzara e ir a comer.
«Terminando de comer vuelvo», pensé. Dos horas después la busqué, pero, aunque recorrí exactamente el mismo camino, lo único que estaba ahí era una tienda de artesanías, con la puerta de metal —sin símbolos— completamente abierta.

La última vez fue hace unos días. Iba caminando de regreso de mi trabajo. Había sido un día muy cansado, repleto de juntas y además se me había olvidado llevar mi cartera, así que no había comido. Al no tener para el pasaje, tuve que caminar desde las oficinas a mi casa. Hubiera sido más fácil pedirle prestado a alguno de mis compañeros, pero la vergüenza fue más fuerte que el sentido común. Para llegar a mi casa hay que atravesar un parque, donde normalmente hay una o dos personas corriendo y otras tantas jugando con sus perros. Esta vez estaba vacío a excepción de un hombre, parado a un lado de la fuente. Me volteó a ver con mucha intensidad y yo me puse nervioso porque pensé que me iba a asaltar. Ya me estaba despidiendo mentalmente de mi celular y rezando —aunque ni creo en Dios— porque no me hiciera nada. Me debatí entre correr hacia el frente o dar la vuelta aunque me alejara de mi destino. El hombre me sonrió y de pronto ya no tuve miedo.

—¿Me recuerdas? —preguntó. De golpe recordé esa primera vez hacía tantos años y supe con una certeza desconocida que era aquel niño misterioso—. Es tu última oportunidad, el portal no se abrirá nuevamente para ti —me advirtió extendiéndome la mano.

No lo pensé esta vez, necesitaba saber a dónde me llevaría. Tomé su mano con fuerza.

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“Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash”

Muchas gracias a Nea Poulain por betearme este relato. 

Palabras: 937

Gracias por leer. Se agradecen los comentarios 

viernes, 10 de enero de 2020

Reto Anual: 12 Meses 12 Relatos

Decidí revivir el blog (intento no. 32749) para inscribirme a un reto de escritura. Nunca he dejado de escribir, en realidad, llevo cinco años participando (y fallando, menos una vez) en el NaNoWriMo. Pero esa necesidad de crear historias con frecuencia y realmente hacerlo es más reciente, desde hace dos años exactamente, se podría decir que re-descubrí la pasión. En parte tiene que ver con el renacer de mi amor por Harry Potter y, por consecuencia, del fanfiction. 

Otra consecuencia de ello fue el nacimiento de Volver a Hogwarts, que me llevó a conocer personas maravillosas que ahora considero mis mejores amigas y amigos. Entre esas personas está Tanit. Quien organizó un reto de escribir un relato por mes durante el 2020. Les dejo el link a su blog para que lean bien en qué consiste.

Así que me animo a participar en la modalidad difícil. Todo lo que vaya saliendo lo verán aquí publicado. 


Irá sacando otros retos por mes, variaditos. Algunos quizás los publique aquí, si son originales, si son fanfics, será en mi perfil de ff.net

viernes, 10 de mayo de 2019

Reto Museos || Abril


La visita al museo de abril fue muy sentimental porque además fue la última salida antes de que una de mis amigas se regresara a San Luis Potosí. Tocaba Museo Interactivo, así que fuimos al Museo de la Luz. Fue una experiencia muy linda, aunque nos engentamos porque habían muchos visitantes.

 


La entrada cuesta 35 pesos (menos si tienes credencial de estudiante). Es pequeño pero tiene muchas cosas divertidas y de paso aprendes cuestiones sobre la luz y sus propiedades. 




Me dolía la cabeza, pero me la pasé muy bien con mis amigas de Volver A Hogwarts.



martes, 7 de mayo de 2019

Patreon



¡Holi! Ya de vuelta después de mi hiatus. Y traigo una noticia que me emociona mucho: después de mucho meditarlo me creé un patreon. 

Así que si quieren apoyar lo que hago les dejo esto por acá. Habrá contenido extra y muchas cositas lindas para quienes se conviertan en mis patreons.

https://www.patreon.com/Hitzuji

Sin embargo, por lo mismo de que me voy a concentrar mucho más en crear ese tipo de contenido, el blog seguirá siendo algo muy secundario y esporádico. Pero siempre me pueden seguir en mis otras redes socuales, en las cuales soy mucho más activa.

lunes, 1 de abril de 2019

Mini hiatus

Ya sé que apenas regresé a escribir en el blog. Pero abril va a ser un mes muy intenso en cuanto a actividades "extra laborales" que se van a consumir todo mi tiempo libro. Y además últimamente no me he sentido con muchas energías mentales, sobre todo porque han pasado cosas muy intensas como lo de #MeToo en México. Así que no habrán entradas en abril.

Las cosas que estaré haciendo son:

❈ Participar en el Magical Readathon.


❈ Participar en el CampNaNoWriMo, estaré escribiendo un fanfic. Mi meta son 20 mil palabras.

❈ Y por lo demás tratar de mantener el contenido constante en mi canal, blog de RP y redes sociales.

Así que los veré por acá hasta mayo